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JUEVES SANTO, POR FRANCISCO GONZÁLEZ.


Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y Ascensión. Y en Úbeda como festivo religioso solo nos queda el día del Amor Fraterno, el Jueves Santo, día semanasantero por excelencia en nuestra querida ciudad con cofradías que han superado o se acercan a su centenario de vida junto con otras que aún siendo jóvenes tienen un arraigo fuerte en nuestra localidad y que engloba en María a las virtudes teologales.

Día de contrastes siempre bien armonizados, así el blanco, verde, negro, cardenal, granate, amarillo o rojo sangre conviven con la regia mantilla o el pulcro traje de vestir. El tambor, la corneta o el bronco timbal con el cornetín de silencio o la enrollada tuba. El recogimiento de la visita al sagrario con el bullicio de nuestras Sagradas Imágenes procesionando con esa elegancia que caracteriza al Jueves Santo ubetense.

Desde bien temprano por la mañana podemos escuchar esos alegres ligeros del toque de la banda de la Oración en el Huerto que durante toda la mañana llenará Úbeda del cáliz transformado en el bello rostro de Jesús orante junto a los somnolientos apóstoles que como a veces nos ocurre a los cristianos les falta el compromiso de seguir siempre a Jesús, ellos con su sueño y nosotros con nuestro abandono pero al igual que ellos despertamos e intentamos culminar su obra. Detrás, tras una estela de negro elegante envuelto en la teja del amor a la madre que demuestran las mujeres vestidas de mantilla, llega María llena de Esperanza para repartir templanza en nuestros corazones que inunda de verde las puertas de la Adoración de la Basílica de Santa María.

Sin solución de continuidad las calles Rastro y el Claro Alto y Bajo se inundan del dolor cardenal que Jesús atado a la columna sufre bajos los azotes de nuestros pecados. La banda de cabecera anuncia con sus majestuosos toques que ya se abren las puertas de San Isidoro y un Cristo humillado pero sereno pasea su dolor para infundirnos la fe con la imponente marcha “Desconsuelo”. Tras él una vez más María que a pesar de sus lágrimas llenas de sufrimiento reparte Caridad a todos sus hijos.

Casi al mismo tiempo desde la puerta de los “Carpinteros” de San Pablo la Centuria Romana IX Hispana nos traslada a una época pasada, a una película clásica hecha realidad en las calles ubetenses y un Cristo de la Humildad señorial y más humano que nunca nos anima a sobreponernos a la burla o el rechazo sabiendo que con Jesús nuestro camino hacia Dios será recto. La Virgen de la Fe completa la trilogía teologal de este Jueves Santo. Una madre finamente mecida sobre el costal de sus hijos e hijas que en la soleada tarde de este día nos abre su corazón.

Cae la noche y Úbeda queda en silencio y un cornetín que suena desde lo profundo del interior del convento que hace siglos diera cobijo a San Juan de la Cruz nos anuncia que Cristo Crucificado y muerto vive en el corazón de los creyentes, que todo sirvió para darnos la vida de la resurrección que llegará tres días después. Recogimiento, oración, meditación y el frío de la noche hacen remover nuestra apagada conciencia que arde en el amor fraterno de Jesús de la Buena Muerte.

Muy poquito después el silencio se hace sonido ensordecedor con las marchas que la Banda de las Penas recrea dedicándoselas a sus Titulares. Jesús es Sentenciado bajo la mirada de Pilatos y su corte de romanos. Todo parece estar perdido pero es solo el primer paso para un resurgir en las almas piadosas de una parroquia de Santa Teresa que como la mística entra en éxtasis ante el fervor que se vive. María Santísima de las Penas con su mirada al cielo como en un franciscano abrazo cierra el Jueves Santo que abrirá unas horas después un nuevo capítulo del particular Triduo Pascual de la patrimonial ciudad de Semana Santa que es Úbeda.

✍️ Francisco González Martínez 
📷 Francisco González Martínez 

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